Historia del dólar américano, Cotización
Historia del dólar
El dólar estadounidense (US$) es la moneda oficial de los Estados Unidos de América. Aunque la emisión de dólares sólo se hace en este país, Ecuador, El Salvador y Panamá lo han adoptado también como moneda oficial. El código ISO 4217 para esta moneda es USD.
+ Dólar estadounidense, en español
+ United States dollar, en inglés
Historia del del símbolo del dólar ($)
Hay muchas versiones sobre el inicio del símbolo $. La que quizás es la más considerablemente aceptada, según la Oficina de Grabado e Impresión de los Estados Unidos, es que el mismo es el resultado de la evolución de la abreviatura mexicana o española Ps, que abreviaba Pesos, piastras, o piezas de a ocho. Esta teoría, derivada del estudio de manuscritos antiguos, explica que pasó gradualmente a escribirse sobre la P, desarrollando un equivalente próximo a $. El emblema fue largamente usado antes de la adopción del USD en el año de 1785.

Otro símbolo del dólar americano fue derivado de —o inspirado por— la marca de cera de la casa de la moneda colonial española de la ciudad de Potosí, en el actual país de Bolivia. Esta marca de ceca estaba compuesta de las letras PTSI sobre-impuestas una encima de la otra, constituyendo un símbolo muy similar al original emblema del dólar (el de una barra vertical: $). Los reales de plata españoles (las «piezas de a ocho») eran de uso común en las colonias inglesas de Norteamérica. Entre ellas hubieran figurado las monedas potosinas. Estas, además, hubieran tenido un perfil algo elevado, ya que la mina de plata de Potosí aparentemente fue la más grande en la historia, tanto que Potosí llegó a ser por un tiempo la ciudad más grande de toda América y su fama era mundial en aquella época. (Historia del dólar)
A veces se usa aun la diferencia con dos barras verticales. Esta variante se atribuye a veces a la idea de superponer U y S (de United States), pero parece que la misma ya existía por la época en que la zona eran colonias británicas. El símbolo del dólar sería una estilización de las Columnas de Hércules que aparecían en las monedas acuñadas en la Ceca de México, los reales de a 8 llamados columnarios. Las barras verticales serían las columnas y la S seria la banda con la leyenda «Plus Ultra» que las envolvía. Un sello con esta forma se estampaba sobre los lingotes de oro y plata que viajaban en las Flotas de Indias con destino al Tesoro Real. La versión de una sola barra es una simplificación del original de dos.
Por último, la similitud del símbolo del dólar con el del sestercio (IIS, I•IS o HS) podría hacer pensar en un origen romano. Sin embargo, en los documentos antiguos nunca aparece el símbolo del sestercio con los trazos verticales superpuestos a la letra S.
Billetes
: $1, $2, $5, $10, $20, $50, $100, $500, $1000, $5000, $10000, $100000
Monedas
: 1¢, 5¢, 1 dime, ¼$, ½$, $1
Emisor
: Reserva Federal
En 1535, el hijo de los reyes españoles Felipe el Hermoso y Juana la Loca, quien llega a ser conocido con los nombres de Carlos I Rey de España y Carlos V Emperador de Alemania, ordena que en las recién descubiertas minas de plata en el área de lo que hoy es México, se principio a acuñar una moneda similar a la que se utilizaba en Europa con el nombre de thaler; calificativo que es una abreviatura de Joachimsthaler, el valle al norte de Bohemia en el cual se localizaban las minas de plata que proveían el metal para acuñarla.

Los españoles residentes en México cumplieron la orden y acuñaron los thaler. Sin embargo, al no estar habituados con la letra “th” sino con su correspondiente sonido “d”, sustituyen las dos letras y bautizan la nueva moneda con el nombre de ‘daler’.
Pero la decisión de los acuñadores fue más allá y -recordando su travesía y su origen- tallan en los daler las dos columnas de Hércules reluciendo contra un horizonte formado por las costas del viejo y el nuevo mundo. Esta efigie estilizada origina la figura de una ‘S’ cruzada por dos barras verticales, la que eventualmente llega a ser el símbolo del daler. Y de la riqueza.
En el primer siglo de emisión de la historia del dólar, los daler de plata fluían casi en su totalidad directamente a España. Se calcula que entre 1540 y 1650, en el antiguo reino moro de Granada –en lo que hoy es la provincia de Andalucía, al sur de España- la abundancia en la circulación de monedas de plata, generó un aumento en el nivel de precios superior al 600 por ciento, en un universo donde la inflación era en aquel tiempo un fenómeno desconocido. Pero hacia la mitad del Siglo XVII, los daler empezaron a circular también en territorio mexicano. Adam Smith lo narra así:
‘México y Perú, aunque no pueden reputarse por mercados nuevos para la plata, son a lo menos ahora mucho más extensivos que antes… Un suelo fecundo y un clima feliz, la abundancia y baratura de terrenos, circunstancia común a todas las colonias, son ventajas tan grandes que bastan para compensar muchos de los defectos que no puede menos de tener un gobierno que está tan distante… América, pues, es un nuevo mercado para el producto de sus propias minas.’

Pero en las colonias inglesas asentadas al norte de México -sin minas de plata - si algún daler ingresaba a ellas, su contenido de metal era inmediatamente reciclado para fines más prácticos. Por otro lado, desde sus primeros asentamientos, los colonos ingleses habían aprendido a usar como dinero cualquier objeto que se presentará más o menos manejable, incluyendo hojas de tabaco, pieles, sal, conchas y, en años previos a la revolución, el papel.
Fue necesariamente la moneda de papel lo que ayudó a financiar la revolución y liberación de Norteamérica. En el año de 1751, Benjamín Franklin sale a Londres para solicitar a los miembros del Parlamento Inglés que permitiesen a sus colonias de América imprimir moneda, ya que así podrían dejar de depender de los envíos de las libras esterlinas que llegaban tarde, mal o nunca. La petición de Franklin fue diplomáticamente escuchada, antes de ser rudamente negada.
Sin embargo Franklin era un hombre práctico y, antes de retornar a Norteamérica, adquirió la mejor imprenta que su profesión de físico le aconsejaba. Pocos años después, esa imprenta demostró su eficacia al imprimir todos los billetes ‘continental’ requeridos para pagar los gastos de la revolución y liberación de los Estados Unidos.
El éxito es claramente descrito por el propio Franklin cuando, en 1779 y en plena guerra de independencia, escribía a su amigo Samuel Cooper lo siguiente a esta moneda la llamaron “continental”:
‘Nuestra moneda se ha convertido en una máquina maravillosa: ha cumplido todas sus tareas desde el momento mismo en que la emitimos; con ella pagamos los sueldos y los uniformes de nuestras tropas; nos sirve para comprar municiones y vituallas; y cuando tenemos que imprimir una cantidad mayor, ella misma se paga auto depreciándose.’
La frase ‘no vale un continental’, hasta el día de hoy tiene un tono despectivo en la cultura norteamericana. En efecto, los continental perdieron todo su valor una vez que la revolución iniciada el 4 de julio de 1776 había triunfado. Así, la naciente economía necesitaba de una moneda nueva y confiable.
La necesidad de contar con una nueva moneda, es observada por Alexander Hamilton, Secretario del Tesoro en el gobierno de George Washington, quien la propone y logra que Estados Unidos –como dice el decreto legal suscrito el 4 de abril de 1792- adopte como moneda propia al daler mexicano, que pronto comienza a ser denominado ‘dollar’ bajo la fonética de la lengua inglesa. Interesante no!
El amparo del dólar cumplió una doble función: eliminó la práctica de imprimir moneda indiscriminadamente; y, logró que el mundo se enterará que los Estados Unidos se habían convertido en una nación unida, soberana e independiente.
El dólar de plata sobrevivió hasta principio del Siglo XX. El 1 de marzo de 1900, el presidente William MacKinley -que había declarado la guerra a España- oficialmente decretó que a partir de ese día el valor del dólar dejaba de ser cotizado en plata y pasaba a ser cotizado en oro.
Esto sirvió para que, poco antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, los aliados vencedores que se habían reunido en el hotel “Mount Washington, decidan, entre otras cosas, que las futuras actividades comerciales que realicen entre sí los países del mundo occidental, debían formalizarse en dólares y que, a su vez, los Estados Unidos se comprometían a entregar una onza de oro por cada 35 dólares, cuando cualquier país así lo requiriese.
Es decir, internacionalmente se aceptaba el compromiso de hacer funcionar al patrón-oro en todo su esplendor.
La aceptación del dólar como moneda universal se basaba, desde luego, en el reconocimiento de una innegable realidad: la existencia de un país lo suficientemente rico como para que todos crean que esos papeles de color verde –frase de Milton Friedman- en efecto podrían ser cambiados por oro.
Pero como los acuerdos internacionales solo son inviolables hasta que alguien con poder suficiente decide violarlos, el 15 de agosto de 1971, el presidente Nixon anunció que su gobierno había adoptado la medida monetaria más revolucionaria del Siglo XX. La ‘revolución’ consistió simplemente en anular el compromiso de pagar con oro el valor del dólar. Así se puso en conocimiento la receta de algún legendario alquimista, solo que en dirección inversa: el patrón-oro se transformó en patrón-papel.

Los hechos que sucedieron después son bastante conocidos: la emisión de dólares sin respaldo deterioró su cotización frente a otras monedas del Primer Mundo; la inflación mundial, un suceso desconocido hasta ese entonces, amenazó con aprisionar a todo el mundo occidental; se facilitó el financiar e inflar la deuda del tercer mundo; y, la disciplina monetaria quedó sujeta a la voluntad de los gobiernos de turno.
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